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 ¿Qué piensan los artistas de la posibilidad de integrarse o de colaborar con empresas?

Este es el debate que abrimos en dos mesas redondas, dentro del proceso de investigación abierto para encontrar nuevas formas de colaboración entre arte y empresa. Una mesa redonda con artistas que no tiene su base en la tecnología, y otra mesa redonda con artistas de corte más tecnológico, con perfiles que vienen de otros campos como la programación, la ingeniería o la arquitectura, y que están dentro de lo que se denomina industrias culturales.

 ¿Cuál es el momento actual del artista y de arte?  

Antes de la crisis el artista principalmente ha estado trabajando y sacando adelante sus proyectos gracias a la financiación y el apoyo de las administraciones públicas tanto locales como estatales, pero este panorama está cambiando, ya que las administraciones han reducido drásticamente sus presupuestos y ademas son mas restrictivas a la hora de apoyar un proyecto artístico, en este contexto, donde se reduce el dinero público, surge la necesidad de financiarse por otros medios, y la posibilidad de trabajar con empresas cobra una dimensión importante para la supervivencia del arte y del artista que antes no se contemplaba.

En relación con la anterior también está la percepción de que el artista y el mundo del arte en general tienen que reinventarse en este contexto de cambio que estamos viviendo, al igual que el resto de la sociedad, el artista tendrá también que transformarse, transcender de los viejos discursos e ideas del arte en la era industrial para adaptarse a una nueva sociedad cada vez más conectada, donde la copia y la remezcla transforma el proceso y el valor creativo, y donde el artista tendrá que evolucionar aportando valor en este nuevo contexto para poder sobrevivir.

No se sabe cómo será el artista del siglo XXI, pero sí que se piensa que no será como es ahora y que estará más cerca de figuras como Steve Jobs que puso en valor dentro de la empresa su capacidad artística, icono del creador contemporáneo, o figuras como los hackers que tiene esa capacidad de intervenir y de transformar la realidad desde la perspectiva digital

 ¿Qué piensan los artistas de las empresas?  

El artista huye de los estereotipos y de las generalizaciones y no va más allá de la distinción entre empresas tradicionales e innovadoras, empresas grande o multinacional y empresas pequeñas y familiares, a la que se sienten más cercanos, ya que el artista también considera que tiene una parte de pequeña empresa, es autónomo, paga sus impuestos y también tiene que hacer proyectos para conseguir financiación, en definitiva para poder vivir.

La visión que tiene el artista de la empresa difiere mucho cuando es un artista “clásico” o puro, es decir que su formación viene de bellas artes y cuando son artistas “mixtos” que además de trabajar en entornos artísticos, son profesionales de otra disciplina (programador, ingeniero, audiovisuales…) y que ya han trabajado en empresa o han montado su propia empres (industrias culturales).

Para el artista “clásico” la empresa grande es un desconocido, no es un territorio con el que están familiarizados, habían aprendido a relacionarse con las instituciones públicas para trabajar, pero desconocen cómo relacionarse con las empresas, incluso es difícil comunicarse porque se utilizan lenguajes diferentes, “no hablamos el mismo idioma”, entonces ¿como llegar a ellas y como ofrecerles servicios de valor?. Por otro lado también piensan que este desconocimiento es mutuo, las empresas también desconocen el valor que puede dar una artista a una empresa. Para el artista “mixto”, que ya ha estado en empresa o tiene su propia empresa, esta percepción de desconocimiento no es tan intensa y precisamente esa parte artística es su valor diferencial a la hora de ofrecer sus servicios a empresas.

En cualquier caso la relación empresa-artista, es una relación por construir, o se esta empezando a tejer en el mejor de los casos, ambos, empresa y artista necesitan conocerse mejor, entender que necesita cada uno y como funciona (empresa) y cual es el valor que puede aportar otro (el artista), se necesitan espacios de diálogo y convivencia, más allá de la visita comercial, un espacio donde puedan surgir oportunidades de trabajar juntos, de colaboración y de conocimiento mutuo.

 Al ser dos mundos tan endogámicos y tan diferentes, ¿se necesitan mediadores entre artistas y empresas?  

No hay una postura clara ni una respuesta generalizada respecto a la figura del mediador.

Curiosamente los artistas “clásicos” los que se sienten más lejos de las grandes empresas, más bien rechazan esta figura y prefieren una relación directa, sin intermediarios, ya que cuando han participado en procesos creativos desarrollados por agencias de marketing o de design thinking no se han encontrado a gusto con los formatos creativos que proponen, y además se han sentido “instrumentalizados”. Hay una intención de trabajar directamente con la empresa, con sus formatos creativos artísticos, sus procesos y metodologías, al fin ya la cabo el arte es una manera de hacer las cosas y este es el camino que pueden ofrecer a una empresa como artistas.

Para los artistas “mixtos” la posibilidad del mediador cobra más sentido como una figura que fusione ambos mundos, y en un contexto donde se necesite  coordinar proyectos a medio y largo donde hay visiones artísticas y técnicas en un mismo equipo con un fin empresarial.

 

 ¿Dónde están las diferencias entre arte y empresa?  

Las grandes diferencias vienen desde las motivaciones hasta la forma de hacer las cosas.

La motivación en el artista nace desde el sentimiento, de una necesidad de expresar las cosas que le están sucediendo y que está viendo en su entorno, el artista contemporáneo a través de un formato artístico, expresa el sentimiento de un momento histórico, su trabajo es pasional, subjetivo y personal, muy personal…mientras que las empresas se mueven por necesidades puntuales que afecten a su negocio, su motivación es el beneficio económico, la riqueza material, y no tiene un componente personal, la persona se diluye en el ente abstracto de la corporación, si bien esto está cambiando, las empresas son personas y cada vez más  las nuevas estructuras empresariales (start ups) tiene un componente pasional y personal que son su gran ventaja competitiva frente a las empresas antiguas y consolidadas.

Por otro lado están las formas y los tiempos. Mientras que los formatos artísticos se basan en la experimentación continua, son líquidos, sin fórmulas cerradas ni magistrales, las empresas se decantan por modelos cerrados, sólidos y con poco espacio para la improvisación o el cambio. En este sentido el artista se muere cuando entra en la factoría y el arte descabala la factoría cuando entra en ella…sin embargo esta divergencia es precisamente donde se puede encontrar el punto de encuentro, el valor que puede dar un artista a las empresas, un valor que ahora cobra especial relevancia, en un contexto de cambio, porque la lectura del artista de la crisis es de cambio, vivimos un momento de transición, de transformación, no estamos en un ciclo, sino en un fin de una era y un comienzo de otra.

 ¿Dónde pueden estar las convergencias entre arte y empresa?  

El artista posee una serie de habilidades, de recursos, de sentimientos y de conocimientos que pueden aportar valor a la empresa:

  • La capacidad artística de analizar, sentir y expresar el momento actual, de estar y de construir lo contemporáneo puede aportar a la empresa por un lado otra mirada de la realidad a la que las empresas mucha veces son ajenas, el artista como investigador social, como “coolhunter” que sabe donde esta lo contemporáneo y que sabe hacer que las cosas sean modernas, que sabe comunicar artísticamente sensaciones, valores y sentimientos de la sociedad del momento, que sabe como provocar, remover al espectador y en definitiva engancharlo para transmitir un mensaje. El artista como valor a la hora de diseñar y de ejecutar acciones de comunicación para las empresas.
  • La capacidad creativa del artista puesta al servicio de la innovación empresarial, con procesos creativos con base en las metodologías y procesos artísticos pero enfocados a la empresa.
  • La capacidad del artista como transformador, como agente de cambio, que puede refrescar una organización, enseñarla a hacer las cosas de otra manera, para empresas que necesitan cambiar encontrar nuevas soluciones, para empresas que necesitan adaptarse a los nuevos tiempos que están desembarcando, que necesitan ser mas flexibles, mas horizontales, que necesita mutar su ADN para no solamente sobrevivir, sino ser además eficientes en el nuevo modelo social y económico que esta a las puertas.

En un momento de cambio socioeconómico, donde las empresas necesitan adaptarse a un modelo productivo más humano y colaborativo para ser más eficientes y sobrevivir, donde las empresas necesitan comunicarse con sus grupos de interés de otra manera, trascendiendo el marketing clásico, el arte como una manera diferente de hacer las cosas, como una herramienta metodológica de producción, cobra sentido y una especial relevancia, a la hora de pensar en un encuentro más profundo entre arte y empresa.

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